Pequeños pasitos…

Desde que empezamos a viajar con mi chico y decidimos plasmar en un cuadernito los kilómetros recorridos con breves historias que sirvan para alimentar los recuerdos, llegamos a la conclusión de que un elemento en común que tenían cada uno de los destinos que conocíamos era la pelea nuestra de cada viaje.

Por una cosa o por otra, siempre cerramos trayectos con esa perlita para contar. Exceptuando claro el primer viaje que aún si se quiere, estábamos atravesando esa luna de miel propia de los primeros meses, donde parece que nada opaca la felicidad. Más allá de aquellas infidencias personales (que no suman nada a la aventura de viajar pero que están y me sirvió para romper el hielo y animarme a escribir!!!) considero, y ambos compartimos el mismo gusto, que el placer que nos da viajar es una inyección de serotonina constante.

Puede estar programado o no, pero hacer un bolso, preparar unos mates y encarar hacia algún lugar es un ejercicio para fortalecer el alma viajera que todos tenemos. Y si lo podemos hacer seguido, mucho mejor.

Contextualizando nuestra vida, vivimos en Córdoba y desde el centro del país salimos hacia el abanico de posibilidades que nos presenta este bello país. Un poco tímidos al principio, empezamos por recorrer el corazón de la provincia en la que habitamos, con sus paisajes impresionantes, imponentes por momentos, llenos de belleza natural, con sus cerros y ríos al alcance de nuestra mano. Tan bonito todo que sentís que estas dentro de un cuadro listo para decorar el living de tu casa. La Cumbrecita, Villa General Belgrano, Villa Yacanto, Alta Gracia y miles de lugares (y los que aún tenemos pendientes) que hacen a Córdoba un destino ideal en cualquier momento del año y de la vida por qué no?

Del centro del país, pasamos al Norte. 12 horas de viaje en auto, con mate y perro de compañía, atravesamos casi medio país para llegar a la bella Jujuy. Un viaje flash, cortito para la hermosura que nos ofrece el lugar, pero no por ello desaprovechado. Destino elegido para conocer: Purmamarca, mágico por excelencia. Lo que sentí al llegar allí no lo sentí en ningún lugar que me tocó conocer (obvio, me falta casi el mundo entero). Es tan precioso que no podés creer que sea natural. Y lo es. Es algo inconmensurablemente bello que hay que verlo ao vivo!! (con tono brazuca lo digo). Porque no bastan las palabras cuando se necesitan contar sentimientos. Es fundamentar vivir Purmamarca. Un poquito más allá, tenes Tilcara, bonito de más. Pero permítanme destacar mi preferencia por mi Purma querida.

Bajando un poquito, nos encontramos yendo un domingo cualquiera (con mate y perro como compañeros una vez más) a Tafí del Valle, Tucumán. No saliendo desde Córdoba, sino desde Catamarca que era el lugar donde nos encontrábamos en ese momento. Teníamos Tafí a 200 km. ¡Era fundamental aprovecharlo!. En simples palabras, conózcanlo. Es precioso. Una cuesta del Indio imponente, selvática, tanto verde que emociona, ríos, lagos y montañas, y una callecita llena de artesanías, comida típica y felicidad multicolor. Me sorprendió para bien. Si tienen la chance, visítenlo!

Dejenme terminar con algo antes de contarles mis demás destinos en otros capítulos. En estos dos casos, no hubo pelea matrimonial. Y eso estuvo buenísimo. Nos vemos en otro lugar.

15 octubre, 2015